“Pero el día era resplandeciente y tibio, y en el medio de la claridad, del rumor del viento que empezaba a levantarse, yo me sentía con renovadas fuerzas para esperar”
La luz de cada día en Relato de un Náufrago.
Gabriel García Márquez.
No tengo religión alguna, nunca aprendí a rezar. No soy católica, ni cristiana, ni budista, ni judía. Aunque desde pequeña Creo y Tengo Fé.
Todos los días y a cada momento me conmuevo con las cosas sencillas: con los vinos, la cocina, la luz, los rostros de la gente, los colores de la ciudad, los gatos, las conversaciones. Me conmuevo y aprendo, reflexiono y trato de no privarme de nada que me regale disfrute y placer.
También hay cosas que no me hacen bien (no todo es lindo y colorido en mi mundo). Cuando eso pasa tomo distancia, me reviso internamente y comienzo un proceso de sanar y limpiar mi interior. Entender(me) y transformar (me). Para poder ver (nos) con claridad debemos alejarnos y mirar con detenimiento. Al menos la experiencia me ha enseñado que así funciona conmigo.
Creo que cada quien elige su propio camino para ser feliz, y en ese camino suceden los encuentros. Encuentros que nos conectan, nos hacen crecer, nos enseñan sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Ese camino, por momentos, se une con el de otras personas, entonces transitamos juntos y ese transitar puede ser largo o breve. El tiempo no importa, lo que importa es que sepamos que siempre es hermoso encontrarse, porque son hermosas las conexiones que construimos con las personas. Transitar juntos… Algunas veces cada quien debe seguir su camino, pero la conexion no se rompe. La encontraremos igual de hermosa e intacta la próxima vez que nuestros caminos se unan. En eso Creo y Tengo Fé.
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Las semanas pasan veloces este año. Los encuentros se suceden rápidos e intensos. Cada mañana me levanto de la cama, le doy de comer a mi gata. En cuanto salgo de mi habitación, me encuentro de frente con mi reflejo mirándome desde el enorme espejo del pasillo. La mañana del miércoles mi reflejo del espejo estaba acompañado.
Esta semana vino de visita la sommelier y entrañable amiga Lala Contessi. Lala y yo tenemos muchas cosas en común, y a la vez somos la antitesis la una de la otra. Nos une el respeto por la diversidad, el amor por la vida. Ambas tenemos la capacidad de reirnos de nosotras mismas, de decirnos la verdad -siempre- aunque duela, de entender que somos distintas y hermosas.
Lala me acompañó en mi rutina de trabajo, así que el miércoles pasamos a medio día por Aldo’s para entregar un sobre. Eran sólo diez minutos y seguíamos hacía Palermo. Entonces nuestro camino se encontró con el de una de las personas que más respeto en el mundo del vino en este país. Entraron a almorzar en Aldo’s el enólogo Marcelo Pelleriti y Catherine Péré-Vergé, propietaria de la Bodega Monteviejo.
Lala y yo siempre compartimos esto en nuestras vidas: estamos en el lugar correcto en el momento indicado.
La generosidad infinita de Marcelo Pelleriti nos hizo quedarnos sentadas en la barra de Aldo’s. Nos acompañaron un Chateau Le Gay y un Chateau Montviel, ambos de la cosecha 2010. Recién embotellados llegaron a nuestras copas, mientras Marcelo almorzaba con la señora Catherine en una mesa cercana. Marcelo es el enólogo de Monteviejo en Mendoza. Monteviejo forma parte del proyecto Clos de los Siete. Además también dirige la vendimia de Le Gay, La Violette y Montviel, propiedad de Catherine Péré-Vergé en Francia.
Nuestros compañeros de barra -Le Gay y Montviel- nacieron en Burdeos, específicamente en Pomerol. Viñedos ubicados en el la Orilla Derecha del río Gironda. Merlot predomina en el blend de estos dos vinos que se funden con una proporción menor de Cabernet Franc, lo que comparten con la mayoría de los vinos de Pomerol, en esta A.O.C no hay clasificación. No hay designación de Grand Cru o 1er Grand Cru, etc…, pero a pesar de esto, muchos de los vinos de Pomerol han ganado más prestigio que muchos de los vinos clasificados como Cru en Burdeos. Y ni hablar de los precios que pueden llegar a tener en las grandes subastas. Chateau Pétrus es un ejemplo de esto.
Montviel y Le Gay me hicieron pensar en lo que siempre me hacen pensar los vinos de Marcelo -que sin duda, como enólogo, tiene una gran influencia de la cultura vitivinícola francesa-, pruebo sus vinos y pienso en la palabra perdurable. Cuando se conversa con Marcelo Pelleriti, sobre cualquier tema, se percibe que estás con una de esas personas que piensan en el futuro, en el legado de vida que dejan a sus hijos. Construir, crear y creer pensando en la perdurabilidad, la evolución, el tiempo, el camino. Esa filosofía está inmersa en sus vinos, y puedo decirles que estos vinos te hacen imaginar el futuro. Otros vinos te hacen ir hacia adentro… Estos no… estos te obligan a mirar hacia adelante.
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Me encantan las metáforas. Hace poco recordé la belleza de ellas. La belleza de crearlas, de verlas nacer en tu cabeza, de leerlas y escucharlas. Recordé esto de las metáforas viendo una escena de la película Il Postino.
En Montviel me sumerjo en los aromas del bosque en invierno. Camino en medio de árboles enormes, una tenue luz se filtra entre sus ramas y siento la tierra mojada bajo mis pies, percibo su aroma. Palpo la corteza de los árboles, necesito esperar por algo en este lugar, este lugar donde Montviel me ha traído…
Con Le Gay es primavera y pequeñas bayas crecen a mi alrededor. Observo mis manos manchadas de bayas silvestres e iluminadas por la luz del sol. Continúo sonriente, porque sé que estoy en el sendero correcto… Fineza y fragancia.
Estas fueron las imágenes subjetivas que me generaron las copas Le Gay y Montviel, sentada en la barra de Aldo’s. Marcelo se acercó para hablarnos de los distintos suelos de Pomerol y su influencia en la vid, de cómo las cosechas resultan distintas por la interacción entre el clima de cada año y los suelos del lugar. Los vinos franceses, como estos, son difíciles de describir, porque comunmente sus aromas no son directos. Evolucionan en copa y han logrado fundirse en un solo perfume que te aleja de los descriptores y te acerca a las imágenes.
Tuve que contenerme para no llorar… Sigo conmovida por los encuentros y las cosas sencillas.

