La mejor manera de conocer una ciudad es recorrerla, palparla, sentir sus aromas, sus sabores, apreciar sus colores y andarla al ritmo de sus sonidos. Eso es lo que hago, o trato de hacer todos los días, debo reconocer que soy una viajera silente… camino, observo y escucho… y finalmente escribo…
El pasado fin de semana estuve recorriendo las calles de San Telmo, la calle Defensa se convierte en paseo peatonal para turistas y locales que inundan como un río de gente los gastados adoquines de este antiguo barrio porteño, hacía allí dirigí mis pasos el pasado domingo.
Los artesanos disponen de un lado y otro sus tarantines llenos de collares, anillos, ropas hechas a mano, artículos de cuero, adornos, pinturas, esculturas, juguetes, antiguedades… en fin… un sin fin de cachibaches, que para la viajera en la que me estoy convirtiendo solo sirven para ver… ya hace unos meses que decidí no acumular objetos con los que no pueda viajar. Las cosas, son cosas… pero me gusta verlas, sentir sus aromas y grabarlas en mi memoria… Mi mente esta repleta de instantáneas de momentos, impresas con recuerdos sensoriales que han ido archivándose en el transcurso del tiempo… es un buen ejercicio para la memoria… Ahora mismo me encuentro en un local, tomado un té verde con duraznos y rosas, mientras le doy play a mis recuerdos y trato de reproducir en palabras,  lo que logré captar con mis sentidos en ese paseo por San Telmo.
Comienzo a caminar las calles adoquinadas de San Telmo, el sol hace su recorrido hacía el horizonte mientras baña de luz dorada los adoquines y las casas coloniales de la calle Defensa, aquí y allá llegan aromas de artículos de cuero que venden en los tarantines, se mezcla con los olores de parrilla que salen de los pequeños restaurantes, en algunos tramos un humo de incienso juega en el aire y se junta el de las almendras caramelizadas que venden en las calles.
Al entrar a las tiendas de antiguedades lamparas de araña penden desordenadas en los techos e iluminan muebles coloniales, esculturas y adornos… en estos locales parecen haber pasado todas nuestras abuelas y dejado allí la casa entera… y a eso huele, a la casa de la abuela, a guardado, a polvo, a madera vieja, a antiguo… a memoria, a historia y pasado.
Entro en una casa de pisos de mosaico, techo alto, se abre a una sala espaciosa que me transporta en el tiempo mientras desde la calle llega la voz de Gardel como salida de un gramófono -de esos que en las tiendas parecen dormidos en los rincones- canta”Silencio”… imagino esa sala llena de parejas bailando ese tango… la canción llena el espacio con ese ritmo nostálgico.
Salgo de nuevo a la calle, compro unas mandarinas y sigo mi recorrido… siento el vuelo de una paloma, escucho su aleteo y veo plasmada en los dorados adoquines la sombra de su breve vuelo…
Cada vez es más difícil caminar, la marea de turistas llena la calle mientras escucho aquí y allá el “Muchas Gracias” que con esfuerzo las lenguas de habla inglesa tratan de pronunciar en un imperfecto español. Una señora le explica a una de estas simpáticas, rubias e insoladas turistas como debe preparar el maté en el recipiente de calabaza que le acaba de comprar…
Unas coloridas muñecas de tela me piden que las lleve a casa, pero les explico que por ahora no puedo… quizás otro día venga por una de ellas…
Termino mis mandarinas, que dejan ese delicioso y fresco aroma en mis manos manchadas de tonos naranjas… acerco mis manos a la nariz… sigo mi camino… Me encuentro con un grupo de tango tocando frente a una de las tantas iglesias que dominan el perfil del barrio, me quedo allí escuchando las notas del piano y del bandoneón.. un viejecillo sentado en un banco de hierro cierra los ojos, la canción parece transportarlo a otra época…
Me acerco a la Plaza Dorrego donde algunas parejas bailan el tango al son de otra melodía…
Aquí decido que mi recorrido está por terminar, los últimos rayos solares se despiden y camino hacía el Subte para regresar a casa, no sin antes encontrarme con la perspectiva de una avenida que se abre hasta llegar a la vista del Obelisco que iluminado por al atardecer domina el fondo de la imagen…
Perfecto final para mi paseo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota: este recorrido visto por la camara de Pablo Peña… imagenes aqui!

{lang: 'es-419'}

Entradas relacionadas:

  1. Los Mercados de Mérida: colores, sabores y aromas entrañables.
  2. Buenos Aires. Dia 14
  3. Aromas y sabores de Trapiche de la mano de Daniel Pi.