Había una vez un niña que no conocía las cerezas… y es esa niña la que ahora escribe estas lineas…
Cuando vives en el trópico disfrutas de lo que el resto del mundo llama frutas exóticas. Nuestra infancia esta llena del sabor y los aromas de la parchita, el mango, la piña, el cambur o banano, la guanabana y pare de contar… Frutas que son preciadas y sumamente costosas en otros países, para nosotros son comunes. Tan comunes que en Caracas y otras ciudades de Venezuela las guayabas y los mangos caen de los árboles, se pudren en las calles y solo sirven de alimento a pájaros y murciélagos…
Eso pasa también a la inversa pues hay muchas frutas que solo se dan en los hemisferios del planeta gracias a sus cuatro estaciones, como por ejemplo la cereza.
Cuando era pequeña y vivía en Mérida no sabía que era una cereza, solo conocía el dibujo que aparecía en el abecedario junto a la MAYUSCULA letra C. La adolescencia es la edad en que comienzan las salidas nocturnas a bares estudiantiles (sobre todo si vives en Mérida), en aquellos días vi por primera vez las cerezas en su infame versión de cerezas marrasquino… esas cosas redonditas y fucsia que ya sin corazón flotan inertes en un vaso de jarabe azucarado y que sirven para que los barman le den un toque de color a los tragos… Solo ahora pienso que esa versión de las cerezas es un insulto a su sutil naturaleza; pero en esa época le pedía, o en realidad le rogaba al barman que pusiera dos o tres en mi Tequila Sunrise… un trago que ahora me parece tan infame como las cerezas marrasquino…
Luego al transcurrir de los años, cuando hacía las compras navideñas en un almacén de exquisiteses me encontré de frente con las cerezas de verdad, eran obviamente importadas… no pude resistir la tentación y la curiosidad de comprar un poco de esos pequeños tesoros rojos, a pesar que se llevaron la mitad del dinero que tenía dispuesto para mis compras. Desde ese día quede absolutamente prendada de las pequeñas cerezas.
Todos esperamos cada año los doce meses que nos separan de los regalos navideños, las hallacas y en mi caso además de mi cumpleaños… yo además de esperar todas estas cosas que nos alegran en mes de diciembre esperaba la llegada de las cerezas, y eran ellas uno de mis autoregalos de navidad.
Una de esas navidades cuando ya vivía en Caracas recuerdo haber preparado de postre unas cerezas levemente salteadas en vino tinto, azúcar y canela; acompañadas con una bola de helado de vainilla… con ese postre conquiste la aprobación del que en esa época era mi suegro.
Cuando comencé el curso de sommelier la palabra cereza se hizo más común en mi vocabulario y en los textos que leía sobre el vino. Frases comunes como: “Este vino es de color cereza profundo” o “Los vinos de este lugar despliegan aromas de cerezas en licor”
Ahora vivo en Buenos Aires, y esta semana fui de compras al almacén de vegetales. Cuando ya estaba abandonando el lugar, de reojo me encontré que una caja de pequeños corazones rojos me hacía un guiño desde uno de los travesaños más bajos de la frutería. El dependiente de la tienda se extraño al ver mi cara de alegría y el pequeño grito contenido que salió de mi boca ¡¡Tiene cerezas!!… y me dijo y… “pues si… tengo cerezas”….
Me compré una bolsa con muchas cerezas que el dependiente fue llenando poco a poco, mientras yo le decía: Ponga más, que son muy pocas para mi…
Y aquí estoy en mi balcón recordando mi historia con las cerezas. Mientras las devoro las miro y pienso en lo mucho que me gustaría tener un vestido y un anillo de este color. Me encanta su perfecta forma que semeja un corazón, la pequeña semilla a la que está prendada esa ramita verde que recuerda el árbol en que estuvieron suspendidas. Una ramita que además tiene la función perfecta de asirla con la punta de los dedos para llevarla a la boca; y su textura… una piel firme que cede al apretarla contra el paladar y te da acceso a la pulpa que brinda esa justa acidez de las bayas silvestres. Las cerezas son corazones, con corazones adentro…
Ya acabé mi plato… y solo quedan en él las ramitas verdes y las semillas desnudas…
Suspiro y pienso: ¿Porqué las cerezas son tan sexys?


3 comments
Hotels in Venice says:
nov 15, 2010
This is the very nice and touching story.Cherries are a guaranteed crowd pleaser, well loved both for their delicious flavour and beautiful appearance. With their ruby‐red, shiny skin, cherries are tailor made for a festive Christmas celebration. They are also stunning addition to any summer fruit platter and they look lovely when simply placed in a bowl, stems attached, ready to be enjoyed.
Carla says:
nov 28, 2010
que lindo lo que escrbiste….
eso que empece a leer de aburrida, porque tengo que enontrarle hoteles baratos en las vegas a mi jefe y no tengoganas jeje, pero buen empece a leer porque lei la palabra cerezas, y como me encantan las cerezas…
en fin
hermoso
gracias por compartirlo =)
Fabian Mitidieri says:
ene 25, 2011
La cereza será la fruta preferida de los nacidos en Diciembre? Desde que me vine a la Patagonia no paro de comer cerezas a destajo todos los fines de año, acá vienen desde comienzos de Diciembre y hasta la primer semana de Enero podes encontrar algunas cerezas pasadas pero que aún conservan su escencia. Te recomiendo que pruebes las cerezas amarillas, no son tan tentadoras como las rojas o las negras pero tienen otros encantos.
Muy buena la nota.