La primera degustación de vinos en mi viaje a Argentina tuvo lugar en la Bodega y Wine Resort Valle Perdido (http://www.valleperdido.com.ar/), lugar inmensamente bello que se encuentra ubicado específicamente en San Patricio del Chañar, Neuquén, Patagonia*. La Bodega y el Wine Resort son uno solo, ya que la arquitectura fusiona los espacios del Hotel con las vistas del viñedo y los procesos enológicos. Al salir de las habitaciones debes recorrer un pasillo en donde puedes dar un vistazo a la zona de barricas donde los vinos de esta bodega reposan placidamente.
Estos viñedos azotados por fuertes vientos y protegidos de estos por filas de álamos, están en la zona más al sur de los territorios vitivinícolas Argentinos.
La economía de la zona se basa en la explotación de hidrocarburos, es la región petrolera y gasífera más importante de Argentina, desde el avión pude ver también gran cantidad de salinas. En el sector de Neuquén es importante la fruticultura, allí se cultivan manzanas, peras, duraznos, y es allí también donde esta floreciendo la industria vitivinícola más joven del país y en donde la tecnología moderna y el turismo ecológico han convertido a la región en un interesante destino para los amantes del vino del mundo.
Los suelos aportan un carácter mineral común en muchos de los vinos de Patagonia, y las cepas Pinot Noir y Merlot son las grandes protagonistas de la zona. Esto lo pude constatar en las tres degustaciones que pude realizar en mi estadía en la zona más austral del vino Argentino.
Valle Perdido Patagonia, Sauvignon Blanc, Neuquén, 2007: con una entrada fresca de buena acidez, este vino tiene persistencia en el paladar y nos ofrece aromas frutos amarillos maduros que se funden con la parchita y tiene de fondo notas delicadas de toffee y mantequilla.
Valle Perdido Patagonia, Chardonnay, Neuquén, 2007: de un amarillo pálido, brillante y luminoso este Chardonnay nos muestra ligereza. En nariz se presenta con una fruta tropical fresca y en boca esa frescura nos muestra un carácter delicado y suave.
Valle Perdido Patagonia, Chardonnay Roble, Neuquén, 2007: amarillo de reflejos dorados este Chardonnay pasa 6 meses en contacto con roble en donde realiza la fermentación maloláctica. Sus aromas son seductores e intrigantes y nos seducen con una gama de frutos secos. En boca es equilibrado y redondo con textura sedosa. Elegante, femenino y serio, su recuerdo es fragante en el paladar.
Valle Perdido Patagonia, Malbec Rosé, Neuquén, 2008: rosado de tonalidad cereza brillante, de lagrimas oleosas y esbeltas. En nariz nos muestra reminiscencias de bayas rojas silvestres. En el paladar es fresco y expresivo con acidez equilibrada. Recuerdos de fresas persisten en boca con final levemente acaramelado.
Valle Perdido Patagonia, Pinot Noir, Neuquén, 2007: rosa carmín, traslucido y brillante. En nariz las violetas se funden con las moras. En boca es fresco, suave y de consistencia ligera. Corto recuerdo de fruta roja silvestre.
Valle Perdido Patagonia, Cabernet Sauvignon/Merlot, Neuquén, 2006: este bivarietal 50/50 nos regala las tipicidades del Cabernet en nariz, y los aportes del Merlot en boca. El fruto negro fundido con las notas de regaliz y fondo balsámico. En boca los taninos de la fruta roja cubren de manera suave el paladar.
Valle Perdido Patagonia, Malbec, Neuquén, 2006: violeta profundo cubierto de lagrimas oleosas, lentas y esbeltas. Mentolado en nariz la mermelada de fruta es sostenida por un fondo mineral. La entrada en boca es suave de fruta fresca, equilibrado y ligero. Aromas minerales y térreos quedan como recuerdo en el paladar. De 9 a 12 meses de crianza en roble.
Valle Perdido, Reserva Patagonia, Malbec, Neuquén, 2006: 14 meses en barricas de roble francés y americano de primer uso. Violeta intenso con menisco de tonalidades degradadas. Sus abundantes lagrimas tiñen la copa. Los frutos negros salvajes se muestran en nariz junto con confitura y notas de clavo de olor. En boca estos mismos frutos se presentan carnosos y cubren el paladar dejando una sensación aterciopelada. Final mineral.





Esa noche degustamos los vinos con un menú especialmente preparado para el grupo, que constó de:
Entrada: Mollejas de ternera con salsa de limón y espinacas salteadas.
Plato Principal:Cordero patagónico. Con papines y hongos dorados, albondiga de pan casero y salsa de sauco.
Postre:Budin de pan acompañado de un cremoso de dulce de leche.

(*) Patagonia: recibe su nombre de los patagones, dado a los nativos vistos por los primeros españoles que desembarcaron en la costa Atlántida.